8. Director espiritual de los teólogos
La plenitud de su vocación como padre espiritual

Madurez espiritual y entrega sacerdotal
En los años cincuenta, el crecimiento del alumnado de Teología en Comillas llevó al Padre Nieto a asumir una nueva misión: ser director espiritual de los teólogos. Allí alcanzó una etapa de plena madurez humana, espiritual y apostólica, acompañando a quienes se preparaban para el sacerdocio.
Durante esos años vivió también una grave enfermedad intestinal que puso en peligro su vida. A pesar de los intensos dolores, mantuvo una actitud de serenidad y ofrecimiento. Tras varias operaciones en Valdecilla, impresionó al personal sanitario por su paciencia, su fe y su deseo de seguir celebrando la Eucaristía, que consideraba el centro de su existencia.
Formar sacerdotes santos
Recuperado de la enfermedad, continuó entregándose por completo a la formación espiritual de los seminaristas. Su preocupación principal era que quienes se preparaban para el sacerdocio no fueran solamente buenos estudiantes, sino hombres de profunda vida interior.
Impulsó especialmente la devoción a la Virgen, la adoración eucarística y la Congregación Mariana, que se convirtió en un instrumento fundamental de formación espiritual y apostólica dentro del Seminario. Para él, la santidad personal era la base de todo apostolado.
Los Ejercicios y la preparación al sacerdocio
El momento culminante de su labor fueron los Ejercicios espirituales para los ordenandos. Durante décadas acompañó a numerosos seminaristas en la preparación inmediata al sacerdocio, transmitiéndoles su propio ideal: amar a Cristo, vivir unidos a Él y entregarse totalmente a la Iglesia.
Muchos de sus alumnos recordaron aquellas jornadas como una experiencia transformadora. El Padre Nieto no solo enseñaba sobre el sacerdocio: mostraba con su propia vida lo que significaba vivirlo con entrega, oración y sacrificio. Su misión en Comillas quedó marcada por un único deseo: formar sacerdotes santos.