4. Padre de los pobres
Un corazón entregado a los más necesitados

Un padre para los necesitados y los seminaristas
La caridad ocupó un lugar central en la vida del Padre Nieto. Ya durante sus años de ministerio diocesano se distinguió por su cercanía a los más necesitados, pero fue en Comillas donde esta faceta alcanzó una dimensión extraordinaria. No en vano, el pueblo comenzó a llamarle «el Padre de los pobres», un título que resumía el cariño y la confianza que despertaba entre quienes acudían a él en busca de ayuda.
Sus primeros destinatarios fueron los seminaristas. Además de entregarse por completo a su formación espiritual y sacerdotal, se preocupaba por sus necesidades materiales. Atendía su salud, sus estudios, sus problemas familiares y, de manera especial, las dificultades económicas que podían poner en peligro una vocación. Para ayudarles, escribió cientos de cartas a posibles benefactores y consiguió innumerables ayudas. Muchos sacerdotes reconocieron más tarde que, si conservaron su vocación, fue gracias al apoyo espiritual y económico recibido del Padre Nieto.
Formar en el amor a los pobres
Su preocupación por los necesitados no se limitó a la ayuda material. Quiso inculcar en los seminaristas una auténtica sensibilidad evangélica hacia los pobres. Para ello promovió el llamado «día de la caridad», organizó colectas y les animó a compartir parte de sus propios alimentos con quienes pasaban necesidad. Pero, sobre todo, les llevó a conocer de cerca la realidad de la pobreza.
Durante años recorrió con ellos las calles de Comillas y los pueblos cercanos visitando enfermos, ancianos y familias necesitadas. Aquellas visitas se convirtieron en una auténtica escuela de caridad. Los seminaristas no solo distribuían alimentos, ropa o ayudas económicas, sino que aprendían a mirar a los pobres con el mismo amor con que los miraba Cristo. Muchos recordaron después que esta formación dejó una huella profunda en toda su vida sacerdotal.
Una entrega total a pobres, enfermos y niños
La acción caritativa del Padre Nieto alcanzó todos los ámbitos de la necesidad. Atendió a pescadores, ancianos, enfermos y familias enteras afectadas por la pobreza de la posguerra. Visitaba regularmente los hogares más humildes, gestionaba ingresos hospitalarios, conseguía medicinas y buscaba recursos allí donde fuera necesario.
Entre sus obras más importantes destacaron los comedores infantiles gratuitos que impulsó en los años cuarenta para alimentar a decenas de niños pobres de Comillas. Su mantenimiento exigió un esfuerzo inmenso: escribió cientos de cartas, movilizó a benefactores, consiguió ayudas públicas y privadas y promovió numerosas iniciativas benéficas para sostenerlos durante años.
Su caridad nacía de una profunda convicción sobrenatural. Veía en cada pobre el rostro de Cristo y consideraba sagrado todo lo destinado a su servicio. Por eso daba sin medida, prefería correr el riesgo de ser engañado antes que dejar una necesidad sin atender y defendía siempre a los más humildes. Esta actitud, unida a su extraordinaria delicadeza y cercanía, hizo que fuera querido por todos. Cuando murió, pobres, enfermos y necesitados sintieron que habían perdido a un verdadero padre.