3. Apóstol de los Ejercicios
Guía de almas por los caminos de San Ignacio

Los Ejercicios, centro de su apostolado
Toda la vida espiritual del Padre Nieto estuvo profundamente marcada por los Ejercicios de san Ignacio. En ellos encontró no solo una escuela de oración y discernimiento, sino también el principal instrumento de su acción apostólica. Desde los años anteriores a la Guerra Civil comenzó a dirigir tandas de Ejercicios, pero fue a partir de la década de 1940 cuando este ministerio adquirió una dimensión extraordinaria. Durante más de treinta años dirigió numerosos meses completos de Ejercicios, especialmente para sacerdotes, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes en la difusión de esta práctica espiritual en España.
Por sus tandas pasaron más de un millar de ejercitantes, entre sacerdotes, seminaristas y religiosos procedentes de prácticamente todas las diócesis españolas y de numerosos países de habla hispana. Muchos de ellos reconocieron que aquellos Ejercicios marcaron decisivamente su vida sacerdotal y espiritual. La influencia del Padre Nieto se extendió así mucho más allá de Comillas, alcanzando a generaciones enteras de sacerdotes y consagrados.
Pedreña, un foco de espiritualidad sacerdotal
La casa de Ejercicios de Pedreña se convirtió en el principal escenario de este apostolado. Allí dirigió durante años los meses completos de Ejercicios, ocupándose no solo de la dirección espiritual, sino también de innumerables cuestiones prácticas para facilitar la asistencia de quienes carecían de recursos económicos. Su deseo era que nadie dejara de hacer los Ejercicios por motivos materiales.
Para el Padre Nieto, los Ejercicios eran ante todo una experiencia de encuentro con Cristo. Insistía en la necesidad del silencio, la oración y la penitencia como medios para escuchar a Dios y dejarse transformar por Él. Sus meditaciones, especialmente las centradas en la Pasión del Señor, impresionaban profundamente a los ejercitantes. Más que por la originalidad de sus enseñanzas, destacaba por la fuerza de su testimonio personal: hablaba de Cristo desde una experiencia vivida de amor, oración y sacrificio.
Una influencia que alcanzó a toda la Iglesia
Además de los meses completos, dirigió innumerables tandas de ocho días, retiros y Ejercicios para sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y laicos. Recorrió buena parte de la geografía española atendiendo peticiones de diócesis, seminarios y comunidades religiosas. Su fama de santidad y profundidad espiritual llevó incluso a numerosos obispos a solicitar su consejo y a confiarle la dirección de Ejercicios para prelados y superiores de seminarios.
Toda esta actividad se desarrolló sin abandonar sus responsabilidades ordinarias, pues la mayor parte de los Ejercicios los dirigía durante los períodos vacacionales. Su vida quedó así íntimamente unida al ministerio de los Ejercicios ignacianos, que consideraba uno de los medios más eficaces para renovar la vida cristiana y conducir las almas a una unión más profunda con Jesucristo.