Testimonios
SOBRE EL PADRE NIETO

La opinión de todos: «Era un santo»
Uno de los congregados en torno al altar durante el funeral del Padre Nieto, el Domingo de Resurrección de 1974, celebrado en la iglesia de la Universidad Pontificia de Comillas, esbribió: «Tuve la suerte de estar en su entierro aquel día de Resurreccion. La opinión de todos era que habíamos asistido al momento solemne de la inhumación de un santo».
El provincial de los jesuitas, al dar noticia de su muerte, hace un gran elogio de sus virtudes. Quizá no se recuerde otro semejante en la historia moderna de la Compañía. Se resaltan, con frase de San Ignacio, «las virtudes sólidas y perfectas» de que el P. Nieto dio muestra a lo largo de su vida. Diversos obispos se hacen eco de este elogio del P. Provincial y contestan emocionados.
Aunque son los hermanos jesuitas los que, por cierta modestia colectiva, se muestran más comedidos en sus expresiones, no dejan de testimoniar el mismo convencimiento que los demás. Alguno incluso, a las pocas semanas de su muerte, había compuesto una novena para orar por su intercesión. Fue precisamente el gran canonista, P. Eduardo Fernández Regatillo, quien, a pesar de su avanzada edad, ofrecía su competencia para trabajar en la causa de beatificación del difunto.
Una fama de santidad que se extiende y perdura
Al correr de las semanas se amontonaban sobre la mesa del director de la revista Unión Fraternal los testimonios de innumerables antiguos alumnos de Comillas. En un número de la revista se publicó una amplísima selección de ellos. Todos iguales y todos distintos: era un verdadero santo, es la frase más repetida.
No bastó este número de Unión Fraternal. Siguieron lloviendo testimonios de idéntico talante, y hubo de continuarse la publicación de cartas durante varios números más. Pronto comenzaron a aparecer semblanzas en periódicos y revistas. El canto a las virtudes del P. Nieto alcanza todos los tonos de la emotividad imaginables. Hasta en verso se elogian sus heroicas virtudes.
Pero estas efusiones no son fruto solamente de una cercanía afectiva o temporal. Son convicciones profundas adquiridas a lo largo de muchos años, que se manifiestan ya en vida del Padre y se prolongan en el tiempo muchos años más allá de su muerte. Tampoco son testimonios aislados de tal o cual devoto o de personas de poco criterio. Lo verdaderamente sintomático es la unanimidad a lo largo de muchas generaciones de seminaristas; unanimidad que se prolonga —y hasta se consolida— más allá del Seminario en la madurez del sacerdocio activo o en la responsabilidad jerárquica.
El testimonio de obispos, sacerdotes y pueblo fiel
Y si es verdad que de la jerarquía y del clero —entre los que se desarrolló la mayor actividad del P. Nieto— pueden extraerse los testimonios más autorizados en favor de la eximia santidad de su vida, no es menos verdad que la testifica todo el pueblo de Dios: desde el humilde y pobre peón o pescador de la villa comillana hasta el banquero o industrial que le ayudaban con sus limosnas; desde los feligreses de Santa María de Sando, que le trataron en sus primeras etapas de vida sacerdotal, hasta sus hermanos de comunidad, que le vieron exhalar el último aliento.
Recogemos, únicamente a modo de ejemplo, algunos testimonios episcopales:

“El pueblo de Dios que ha conocido al Padre Nieto -sus hermanos religiosos los jesuitas, todos los antiguos alumnos de Comillas y las personas que lo tratamos-, sin prevenir el juicio de la Iglesia, con humilde y universal estimación, lo consideramos santo de altar»
Mons. Juan Antonio del Val
Obispo de Santander (1971-1991)

“Creo que estamos en un caso verdaderamente singular. El P. Nieto era un verdadero santo. Así le consideré toda mi vida»
Cardenal Narciso Jubany
Arzobispo de Barcelona (1971-1990)

“Los que le hemos tratado durante tantos años, no podemos pensar otra cosa: fue un santo y toda su vida nos ha servido de ejemplo»
Mons. Gabino Díaz Merchán
Arzobispo de Oviedo (1969-2002)

“Estoy conmovido al recordar vida tan santa, con tan positivo influjo en centenares de sacerdotes españoles. Me encomiendo a él. Era un santo»
Card. Marcelo González Martín
Arzobispo de Toledo y primado de España (1971-1995)

“Supongo que a todos los que le conocieron le pasará lo que a mí: que domina el alma el sentimiento de haber tenido la gracia de conocer y tratar íntimamente a un santo»
Mons. José María Cirarda Lachiondo
Obispo de Córdoba (1971-1978)

“Mirado en su conjunto, de todas las personas que he tratado en mi vida, el Padre Nieto es la que ha dejado en mí más firme impresión y persuasión de santidad»
Mons. Josep Maria Guix i Ferreres
Obispo de Vic (1983-2003)

“Si a éste no lo canonizan, ¿entonces a quién? A mi humilde juicio (siempre lo he creído así), el Padre Nieto es canonizable»
Mons. Juan Antonio Flores
Obispo de La Vega, Rep. Dominicana (1966-1992)

“Lo canonicen o no, yo siempre lo he considerado un auténtico santo»
Mons. Daniel Enrique Núñez Núñez
Obispo de David, Panamá (1964-1999)