7. Los difíciles años de la postguerra
El alma espiritual de Comillas tras la guerra

Reconstruir entre las ruinas
La reapertura de Comillas en 1937 se realizó en circunstancias muy difíciles. La guerra seguía activa en gran parte de España, muchos seminaristas permanecían ausentes y el Seminario mostraba todavía las huellas de los destrozos sufridos durante el conflicto. En medio de aquella precariedad material, el Padre Nieto asumió una responsabilidad extraordinaria. Se convirtió en el único Director Espiritual de todos los seminaristas, además de impartir clases, dirigir las Congregaciones marianas y coordinar diversas actividades formativas.
Su principal preocupación eran los jóvenes dispersos por la guerra. Temía que las dificultades, el frente o la distancia pudieran apagar sus vocaciones. Por ello mantuvo una intensa correspondencia con ellos, animándolos a conservar el fervor y la fidelidad a Cristo en medio de las pruebas. A quienes regresaban del servicio militar les ayudó a recuperar el ritmo de la vida espiritual y a reintegrarse plenamente en la formación sacerdotal.
El alma espiritual de Comillas
Los años de la posguerra fueron probablemente los de mayor actividad del Padre Nieto. Cientos de seminaristas acudían regularmente a él para recibir dirección espiritual, confesarse o pedir consejo. Su autoridad moral era indiscutida y ejercía una influencia pacificadora en una comunidad marcada por las tensiones propias de aquellos años.
Su vida estaba completamente entregada a los demás. Apenas descansaba, mantenía una enorme correspondencia y dedicaba los veranos a dirigir Ejercicios espirituales. Quienes convivieron con él destacan su sencillez evangélica, su capacidad para sostener a las personas en las dificultades y su permanente disponibilidad. Para muchos, era el verdadero corazón espiritual de Comillas.
Vida de Sagrario y proyección apostólica
El centro de toda su existencia fue la Eucaristía. El Padre Nieto hablaba constantemente de la «vida de Sagrario», convencido de que la santidad y el apostolado nacían de una profunda unión con Cristo presente en el Santísimo Sacramento. Su ejemplo arrastraba a generaciones enteras de seminaristas hacia la oración, la adoración y la vida interior.
Al mismo tiempo, alentó con entusiasmo el espíritu misionero y la preocupación por las necesidades de la Iglesia universal, especialmente en Hispanoamérica. Muchos sacerdotes, obispos y misioneros reconocieron más tarde la influencia decisiva que ejerció sobre ellos. En aquellos años difíciles de reconstrucción, su figura se convirtió en referencia indiscutible de santidad, entrega y fidelidad sacerdotal.